Mi Experiencia como parte del SummerCamp

Escuchar el llanto quedito, como murmullo, en plena madrugada,  levantarte para checar que todo esté bien y descubrir ahí, en su casita de campaña, iluminados por la luz de sus linternas, a dos chicos  consolar a otro porque tiene miedo y extraña a su mamá. Ayudarlos a acostarse y asegurarles que todo estará bien, que pronto amanecerá y la diversión iniciará de nuevo… Así es, casi siempre, la primera noche de un campamento de verano WallRock.

Es parte de su crecimiento, es parte de lo que pretendemos lograr todo el equipo WallRock, con el programa que, año tras año, preparamos para ellos, que enfrenten sus temores, que superen muchos de ellos y, que al regresar a casa, lleguen cargados de energía, de valor y nuevos valores, más maduros e independientes. Por increíble que parezca,  aunque sólo pasen una semana fuera de su hogar, llegan más crecidos en tamaño. Padres e hijos aprenden juntos en este campamento, inicia el “destete” y después del Summer Camp WallRock ¡ya nada es igual!

Muchos saben ya, cómo ser líderes, lo traen en la sangre, delegan con gran facilidad, asumen de igual manera, a otros más, les cuesta un poco de esfuerzo, olvidan o les da pereza realizar algunas tareas, prefieren divertirse solamente, a tener que asumir alguna responsabilidad, sin darse cuenta que desde que suben al autobús, ya son responsables de muchas cosas, de su equipaje, de su asiento, de su cubrebocas, de no dejar basura, de no descuidar su almohada porque habrá a quien le guste dormir cómodo y olvidó la suya…

Resulta todo un reto lograr que sonrían cuando llega la primera noche y deben ir a sus casas de campaña, quieren que el día sea eterno, la obscuridad y más si es con lluvia, truenos, rayos, provoca miedo y dormir es toda una odisea. Para la segunda noche algunos ya se sienten expertos y empiezan a dar consejo a los más temerosos, unos más aventureros, se atreven a hacer bromas para asustar a otros. Han caminado mucho, aprendieron que deben colaborar si quieren comer más rico y más pronto, hicieron ya ese nuevo amigo del cual están conociendo su historia ¡será una amistad para toda la vida! prometerán volver el año siguiente y que se llamarán, jugarán video juegos en línea y, al hablar de ello, se les ilumina el rostro. Para este punto, los video juegos son solo una plática, pareciera que hace meses que no tienen contacto con sus aparatos electrónicos, cada día se extrañan menos,  lo que parecía imposible, hoy es una realidad ¡sí se puede sobrevivir sin video juegos!

Mamá y papá han llamado diario, a algunos les pedimos que mejor les manden mensaje, porque resulta que, a su pequeña niña o su pequeño hijo, les da pena que los escuchen hablar con ellos, tal vez porque al hablar con quienes tanto aman (aquí ya saben, valoran y reconocen que sí aman ¡y mucho! a sus papás) temen que se les quiebre la voz y los vean derramar una que otra lagrimita. La mayoría sí toma la llamada, pero se aleja entre los árboles para sentir la vibra de ese amor a solas, en privadito y regresan el celular con la mirada brillosa. Obvio, todos mueren por saber de sus papás y hasta de ese hermano o hermana con quién pelean tanto en casa, por contarles sus aventuras, sus logros, por presumirles de aquello que creían imposible de realizar.  Los papás se quiebran al escuchar a su pequeño, que dejaron de ver hace una eternidad ¡¡24 horas!! Y los comprendemos, somos conscientes que son los padres quienes sufren más, lejos de su pequeño retoño… fotos y videos son enviados al por mayor, no falta quien manda y manda mensaje porque su amiga subió a los estados foto de su hijo en una pose aventurera y su propio hijo no sale bien en ninguna y ahí andamos, persiguiendo al cachorro para que se deje tomar una buena foto, es el reto del día, para esa mamá que espera con ansias presumir a su hijo, como todo un campista aventurero.

Mamá da una y mil recomendaciones, que se lave los dientes, que se bañe, que se ponga chamarra, que no se moje y muchas más. La realidad (aquí entre nos) es que las y los niños, lo que más disfrutan es no seguir las mismas reglas, siguen otras, allá, en medio del bosque de la lluvia y del frío, se les enseñó y ahora saben escuchar y obedecer a un simple llamado de silbato, reconocen si es llamado a reunión, si es peligro, si es correr. Han aprendido  a escuchar sin interrumpir, a cuidar de  sí mismo y de sus compañeros, a cuidar sus bienes y el bien ajeno, sí, es cierto, algunos días no se lavan los dientes, otros no se bañan, pero todos ¡todos! desarrollan un sentido de equipo, de pertenencia, de hermandad y atienden los llamados de su cuerpo, tienen frío, se cubren, tienen hambre, esperan pacientemente a que se llegue la hora de comer y se comen lo que corresponde al menú, además, ayudan a prepararlo y ¿sabes algo? ¡Lo disfrutan mucho! Recogen y lavan sus utensilios y los colocan en su lugar; comparten lo que tienen, se vencen a sí mismos, caminan, corren, cuentan chistes, cantan, bailan, gritan, callan, pelean, se reconcilian y mil cosas más.

El equipo WallRock hace guardias toda la noche, a cualquier sonido estamos atentos ¡Nos encanta la vida al aire libre! somos felices de cuidar a tus hijos estos días, y nos gusta mucho ver hasta dónde son capaces de llegar para lograr lo que se proponen. Llevamos ya varios Summer Camps, y en mi experiencia muy personal, aun no detecto el límite de las posibilidades de las y los niños. Siempre aprendo mucho, no sé si ellos aprenden algo de mí, pero yo sí aprendo muchísimo de ellos, de cada uno, y cada uno se queda aquí, muy adentro de mi corazón, en esa semana o dos, son mis hijos prestados y, como en toda familia, encontramos diferentes personalidades:  el ruidoso que para todo hace un escándalo y es la alegría del campamento (aunque cuando se calla un ratito, todos descansamos y cargamos pilas), el tímido, que no habla mucho pero escucha y se ríe de todos y de todo lo que dicen, el inteligente y callado, que sabe escuchar, que con su mirada dice todo y que muy a su modo se divierte, que sabe guardar sus cosas como un pequeño adulto, el extrovertido al que no hay que quitarle la vista de encima ningún minuto porque segurito se mete en problemas nada más te descuidas, el que, para disimular su miedo o ganas de llorar, finge todo tipo de dolores, de estómago, de cabeza, pero que cuando llega la actividad que le gusta, se alivia por arte de magia y así, los vamos conociendo a todos y a cada uno lo vamos queriendo.

Al entregarlos, nos toca sufrir un poquitito de lo que sufren los papás al entregarlos a nosotros, ya no estarán a nuestro cargo, pero los recordaremos siempre, y ellos, ellos recordarán toda su vida lo que vivieron, lo que aprendieron, lo que amaron en estos pocos días.

Gracias por confiar en este gran equipo, gracias por formar parte de la  familia WallRock.

Verano 2021

Érica López Sotomayor

Directora de campamentos WallRock

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